Los pueblos prehispánicos Primera Parte

El estudio del desarrollo histórico de los pueblos prehispánicos (amerígenas) es revelador porque su desarrollo, hasta el momento de la conquista, se dio con total independencia de los acontecimientos del llamado “viejo mundo”.Las civilizaciones de Mesoamérica y el imperio Inca que alcanzaron el grado de civilización al margen de cualquier influencia externa, son ejemplo, junto con los casos de las civilizaciones antiguas en Mesopotamia, India, China, África; de estados “primigenios” y como tales representan ejemplos, casi en condiciones de laboratorio, de que el desarrollo histórico no es azaroso y caprichoso sino que la historia se desarrolla en virtud de leyes subyacentes que condicionaron el surgimiento, tanto en el viejo como en el nuevo mundo, de las clases sociales, el estado, la arquitectura monumental, la escritura, la metalurgia, calendarios, etc; como veremos – a pesar de las particularidades propias de cada civilización, sus aportes peculiares y las condiciones concretas que determinaron los ritmos y las formas de su desarrollo-  las similitudes resultan asombrosas tomando en cuenta que tanto los mesopotámicos y egipcios como las civilizaciones mesoamericanas e Incas tuvieron un modo de producción similar llamado por Marx “despotismo asiático” basado en la tributación en trabajo y en especie que se expresó en la construcción de estructuras monumentales como las pirámides presentes en casi todas las civilizaciones primigenias. Por supuesto que estas similitudes no son obra de la influencia de alguna civilización extraterrestre, sino expresión de de modos de producción más o menos equivalentes.

Divisiones de la prehistoria americana
La historia de los pueblos “amerígenas” mesoamericanos se divide en normalmente en periodo prehistórico  e histórico, el primero comprende desde la llegada del homo sapiens al continente americano hasta la formación de la cultura Olmeca, a su vez el periodo prehistórico se divide en tres periodos conocidos como el “Paleoindio” que comprende la etapa en la cual los “primeros americanos” subsistían mediante la caza de grandes presas y la recolección; la siguiente etapa de la prehistoria americana es el periodo arcaico que geológicamente comprende el final del Pleistoceno, crisis climática a nivel global que  implicó la extinción de los grandes animales de caza y obligó al hombre prehistórico a cambiar su modo de subsistencia orientándose a la caza de “pequeñas presas” en climas boscosos, fluviales y marítmos, esta etapa, que a nivel global se le conoce como mesolítico, fue una condición preparatoria para la última etapa de la prehistoria conocida como revolución neolítica y que para efectos del estudio de la prehistoria americana se conoce como “periodo formativo” donde se descubre la agricultura y se domestican los primeros animales.

El primer descubrimiento de América, oleadas migratorias.
Existe un acalorado debate entre historiadores y antropólogos acerca de la antigüedad y el origen de los primeros hombres americanos, la visión tradicional conocida como “consenso Clovis”, señala que los primeros humanos en pisar el continente llegaron de Asia (Siberia) por el “estrecho de Bering” hace unos 13 mil o 14 mil años, esta postura señala que la antigüedad del ser humano no puede ser mayor a 14 mil años porque en esta fecha el paso del estrecho de Bering (paso intercontinental entre Asia y América formado hace unos 40 mil años al descender el nivel del mar) hacia Canadá estaba bloqueado por enormes bloques de hielo. El problema de esta teoría es que de manera simultánea a la cultura Clovis (cultura de cazadores recolectores “Paleoindios” que se desarrollo hace unos 13 mil años en el norte de Estados Unidos y que hasta no hace mucho se consideró la cultura más antigua del continente) se desarrollo una cultura similar en Monte Verde Chile (Sudamerica), incluso parece haberse confirmado restos humanos en Chile tan antiguos como unos 20 mil años (hay dataciones más antiguas que aún son objeto de polémica) esto obliga a retrotraer la llegada del humano a América mucho antes, sencillamente porque no hay tiempo suficiente para que el ser humano llegara a Sudamérica. Es muy probable que el paso del estrecho de Bering a Norteamérica estuviera abierto por intervalos desde hace unos cuarenta mil años (quizá sesenta mil) y que la llegada del ser humano se diera por oleadas mucho más antiguas que lo que supone el “consenso Clovis”; si bien no se puede descartar (tal como sugieren estudios genéticos que relacionan a nativos sudamericanos con nativos australianos) flujos migratorios por la Antártida desde Australia es muy probable que las diversas migraciones se dieran desde Asia a través de Beringia de norte a sur. Existen, por supuesto otras teorías, de la llegada transoceánica del ser humano pero resultan más que improbables porque el hombre prehistórico no contaba con las fuerzas productivas necesarias para cruzar océanos. Si bien se ha confirmado la llegada de expediciones Vikingas a Groenlandia 500 años antes que Colón, estas expediciones no tuvieron influencia alguna en el curso de la historia porque el modo de producción semibárbaro de los vikingos impidió algún impacto significativo. Resulta pues casi imposible que los pueblos paleolíticos (cazadores de grandes presas), mucho más primitivos que los vikingos, fueran capaces de cruzar el océano. Lo cierto es que el ser humano ya se había extendido desde Alaska hasta la punta de Sudamérica hace unos 11 mil años.

El apogeo del Paleoindio
La cultura mejor estudiada de este periodo es la cultura Clovis, se trata de pueblos que se dedicaban a la caza de mamuts en las planicies de Oklahoma, Colorado y Nuevo México; destaca la belleza poco común de las puntas de sus lanzas. Estas bandas de cazadores y recolectores no conocían las clase sociales, ni el estado. En un periodo que comprende la mayor parte de la historia del hombre sobre la faz de la tierra –desde hace más de 100,000 años hasta apenas unos 10 mil si consideramos al sapien-sapiens- el modo de producción básico de la humanidad se basó en la caza, la pesca y la recolección, en general los hombres eran nómadas, vivían en bandas, clanes y tribus de un máximo de unos cuantos cientos de personas; su modo de pensar se ajustaba a lo que conocemos como pensamiento mágico y vivían sometidos a los caprichos de la naturaleza. No había clases sociales, ni ricos, ni pobres, ni existía Estado, ni familia nuclear; el individuo se encontraba subsumido a la colectividad de la misma forma en que una abeja se subsume a la colmena destacando individualmente en función de necesidades colectivas, religiosas, bélicas o de otra índole bajo la soberanía de la asamblea general. Incluso en las sociedades salvajes que penosamente sobreviven en nuestros días y que aún no son disueltas o totalmente deformadas por las fuerzas corrosivas y corruptoras del capitalismo nos encontramos con relaciones igualitarias; al respecto nos dice Marvin Harris que “las sociedades cazadoras-recolectoras como los esquimales, los ¡kung san del Kalahari y los aborígenes australianos gozan de u alto grado de seguridad personal sin necesidad de tener soberanos o especialistas en la ley y el orden. Carecen de reyes, reinas, dictadores, presidentes, gobernadores o comandantes; de fuerzas policiales, soldados, marineros o marines; de CIA, FBI, inspectores de hacienda o jefes de la policía federal. No hay códigos de leyes escritas ni tribunales de justicia formales; ni abogados, alguaciles, jueces, fiscales, jurados o funcionarios de tribunales; ni tampoco coches patrulla, tanques, cárceles o penitenciarias. Esto también es así en muchas sociedades de aldeas” . 
 

Escrito por: 

David García Colín Carrillo

Fecha: 

Enero 2010

Periódico: 

Teoría Marxista: