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A 150 Años: La Historia De El Capital De Marx (Tercera parte)

Escrito por David García Colín Carrillo y Ninnette Torres Ramírez

Retomando el estudio de la economía política

“Yo me río de todos los que llaman hombres prácticos y de su sabiduría. Quien no tenga más aspiración que ser un buey, puede, naturalmente, volver la espalda a los dolores de la humanidad y atender su propio provecho. Pero yo me hubiera tenido realmente por muy poco práctico, si hubiera muerto sin dejar mi obra terminada, al menos en forma de manuscrito”. [ Carta de Marx a Meyer, 1867]

Con el repliegue del movimiento y el traslado de Marx y Engels a Inglaterra en 1849, los trabajos de Marx sobre el capital se pudieron reanudar. Mientras los emigrados se desgastaban en intrigas amargas, comunes para personas sin perspectivas, Marx encontró la relativa calma para investigar, leer y escribir. Este nuevo periodo es el de la maduración definitiva del pensamiento económico de Marx y el de la realización de una masa de materiales asombrosa, que culmina en el Tomo I y los borradores de los tomos siguientes. Todo ello sin que Marx se desentendiera de la política activa que llevará a la formación de la Primera Internacional, la batalla contra los intentos de Bakunin -que comenzaron en 1871- por desorganizar la Internacional y hacerse de la dirección al margen de todas las instancias democráticamente elegidas [para conocer la historia de la lucha de Marx contra Bakunin, véase: https://www.marxist.com/marx-vs-bakunin-es-1.htm]; Marx encontró tiempo también para el estudio de la guerra franco prusiana y de la subsecuente experiencia de la Comuna de París; además de los debates contra el oportunismo de Lassalle y contra el bajo nivel político de sus propios compañeros, debates en que se enmarca la creación del Partido Socialdemócrata Alemán. Todo lo anterior sin contar la la labor periodística -sobre todo como corresponsal del New York Tribune- en la que Marx contó con la ayuda invaluable de Engels, quien muchas veces escribía artículos en su nombre. Así pues la calma hay que entenderla relativamente, pues para Marx y Engels nunca hubo calma.

Para documentar sus nuevos descubrimientos Marx pasaba largos periodos en el Museo Británico, recopilando material que luego desarrollaba y organizaba en su casa, a menudo trabajando desde las siete de la mañana hasta las siete de la tarde [en la imagen, registro de entrada de Marx a la sala de lectura del Museo Británico, fechado en 1873]. Leía vorazmente “libros sobre metales preciosos, dinero y crédito; en febrero [de 1851], los escritos económicos de Hume y Locke, y más libros sobre el dinero; en mayo, Carey, Malthus y los principios de la economía; en junio, el valor, la riqueza y la economía; en julio, literatura sobre los sistemas industriales y los ingresos de la agricultura; en agosto, la población, la coloniazción y la economía del mundo romano; en el otoño, libros sobre banca, agronomía y tecnología. […]”[1].

Tan pronto anunciaba la finalización de su “economía”-en “cinco semanas” en 1851, en “seis semanas” en 1859- Marx prolongaba sus estudios, el volumen de sus cuadernos y modificaba la estructura y orden de lo que pretendía publicar. En octubre de 1851, por ejemplo, el plan era publicar la “economía” en tres volúmenes -con una estructura muy diferente a como verán la luz finalmente-: un tomo sobre “crítica de la economía política”, otro sobre “socialismo” y un tercero sobre “historia del pensamiento económico”. Para 1858, en cambio, pretendía-según una carta a Engels del 2 de abril de 1858- publicar la obra en seis tomos: 1) sobre el capital, 2) propiedad agraria, 3) trabajo asalariado, 4) el Estado, 5) comercio internacional, y 6) mercado mundial.[2]

Por fin, lo que pretendía ser la primera sección del primero de los seis volúmenes aparece a finales de 1859 como “Contribución a la crítica de la economía política”. Marx señaló en el prólogo que es el fruto de quince años de trabajo, es decir, contabilizando a partir desde los manuscritos de 1844. Marx, en su “Contribución a la crítica de la economía política”, expone su teoría del valor, el surgimiento y funciones del dinero; temas que profundizará en el Tomo I de El Capital. Aparte de los temas anteriores, merece la pena anotar de ese libro el famoso prólogo. En éste Marx hace un interesante resumen de sus estudios sobre economía y presenta lo que será la exposición más clara y sucinta del “materialismo histórico”, con la que contamos hasta la fecha, una genial síntesis de lo que se había expuesto en “La Ideología alemana” y “El manifiesto”:

“Mis investigaciones dieron este resultado: que las relaciones jurídicas, así como las formas de Estado, no pueden explicarse ni por sí mismas, ni por la llamada evolución general del espíritu humano; que se originan más bien en las condiciones materiales de existencia que Hegel, siguiendo el ejemplo de los ingleses y franceses del siglo XVIII, comprendía bajo el nombre de «sociedad civil»; pero que la anatomía de la sociedad hay que buscarla en la economía política. Había comenzado el estudio de ésta en París y lo continuaba en Bruselas, donde me había establecido a consecuencia de una sentencia de expulsión dictada por el señor Guizot contra mí. El resultado general a que llegué y que, una vez obtenido, me sirvió de guía para mis estudios, puede formularse brevemente de este modo: en la producción social de su existencia, los hombres entran en relaciones determinadas, necesarias, independientes de su voluntad; estas relaciones de producción corresponden a un grado determinado de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción constituye la estructura económica de la sociedad, la base real, sobre la cual se eleva una superestructura jurídica y política y a la que corresponden formas sociales determinadas de conciencia El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de vida social, política e intelectual en general. No es la conciencia de los hombres la que determina la realidad; por el contrario, la realidad social es la que determina su conciencia. Durante el curso de su desarrollo, las fuerzas productoras de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes, o, lo cual no es más que su expresión jurídica, con las relaciones de propiedad en cuyo interior se habían movido hasta entonces. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas que eran estas relaciones se convierten en trabas de estas fuerzas. Entonces se abre una era de revolución social. El cambio que se ha producido en la base económica trastorna más o menos lenta o rápidamente toda la colosal super- estructura. Al considerar tales trastornos importa siempre distinguir entre el trastorno material de las condiciones económicas de producción -que se debe comprobar fielmente con ayuda de las ciencias físicas y naturales- y las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas; en una palabra, las formas ideológicas bajo las cuales los hombres adquieren conciencia de este conflicto y lo resuelven. Así como no se juzga a un individuo por la idea que él tenga de sí mismo, tampoco se puede juzgar tal época de trastorno por la conciencia de sí misma; es preciso, por el contrario, explicar esta conciencia por las contradicciones de la vida material, por el conflicto que existe entre las fuerzas productoras sociales y las relaciones de producción. Una sociedad no desaparece nunca antes de que sean desarrolladas todas las fuerzas productoras que pueda contener, y las relaciones de producción nuevas y superiores no se sustituyen jamás en ella antes de que las condiciones materiales de existencia de esas relaciones hayan sido incubadas en el seno mismo de la vieja sociedad. Por eso la humanidad no se propone nunca más que los problemas que puede resolver, pues, mirando de más cerca, se verá siempre que el problema mismo no se presenta más que cuando las condiciones materiales para resolverlo existen o se encuentran en estado de existir. Esbozados a grandes rasgos, los modos de producción asiáticos, antiguos, feudales y burgueses modernos pueden ser designados como otras tantas épocas progresivas de la formación social económica. Las relaciones burguesas de producción son la última forma antagónica del proceso de producción social, no en el sentido de un antagonismo individual, sino en el de un antagonismo que nace de las condiciones sociales de existencia de los individuos; las fuerzas productoras que se desarrollan en el seno de la sociedad burguesa crean al mismo tiempo las condiciones materiales para resolver este antagonismo. Con esta formación social termina, pues, la prehistoria de la sociedad humana”.[3]

Para este libro-que como decimos era una parte del primer tomo de seis que tenía planeado escribir en ese momento- Marx, entre 1857 y 1858, había escrito una infinidad de notas que no publicó en la “Contribución”. Es como si Marx viera desarrollarse ante sí un árbol al que le surgían muchas ramas y tuviera que seguirlas a todas ellas hasta el fin y de la forma más exhaustiva humanamente posible. Estos borradores no fueron publicados sino hasta 1939 bajo el nombre -inventado por los editores- de “Elementos fundamentales de la crítica de la economía política”, mejor conocidos como los “Grundrisse” – por ser la primera palabra alemana del título “elementos”-. Estos textos son más que un borrador de El Capital pero menos que una obra terminada y articulada; se trata de apuntes y borradores de muchos temas que se incluirán en El Capital así como de otros que no encontraron cabida en la estructura final.
Debe tomarse en cuenta que por estas fechas Marx vacilaba entre exponer sus descubrimientos en una forma que incluyera los elementos comunes de todos los modos de producción -producción social, desarrollo de herramientas, división del trabajo, etc.- para exponer lo que hay de particular e históricamente transitorio en el capitalismo, o exponer sólo las leyes de este último sistema -criterio que utilizará finalmente-. Y con respecto al estudio del capitalismo, Marx pretendía estudiar la base económica -la extracción de plusvalía- para pasar a la superestructura jurídica del Estado burgués; luego a las relaciones internacionales y finalizar con el mercado mundial y las crisis mundiales. Basta leer la brillante introducción que había escrito parar “Contribución a la crítica de la economía política” –introducción que no fue incluida en ese libro y que forma la primera parte de los Grundrisse- sobre el carácter histórico de la producción y las profundas reflexiones del arte griego[4] para darnos una idea del enorme horizonte que Marx abarcó en sus estudios y los valiosos desarrollos que complementan a El Capital. Para 1858, antes de publicar su “Contribución”, ya tenía un manuscrito de más de 800 páginas.

Pero para 1861 sus manuscritos crecieron aún más con un estudio sobre la historia de las teorías de la plusvalía -que se publicarán de forma completa como el Tomo IV de El Capital hasta la tardía fecha de 1956 (el tomo tercero de ese IV tomo hasta 1962–Kautsky había publicado una versión mutilada y arbitrariamente ordenada entre 1905 y 1910-)-.[5] Marx se encontraba trabajando en estos estudios -tratando de encontrar la estructura final adecuada para su obra- cuando es invitado en julio de 1863 -gracias a sus lazos con el movimiento obrero y con algunos activistas que conocía desde la época de la Liga de los Comunistas- a un mitin en defensa de la insurrección polaca. A partir de este movimiento se fundará -en un mitin público celebrado en Saint Martin’s Hall, Londres, el 28 de septiembre de 1864- la Primera Internacional.

Es para esta organización que, el 20 y 27 de junio de 1865, Marx dicta unas conferencias en donde debate con las ideas de un viejo oweniano perteneciente a la internacional. Weston sostenía que la lucha sindical por aumento de salario era contraproducente y errónea pues –según él- un aumento en el monto de los salarios tendría como consecuencia inevitable un aumento automático de los precios. Marx se vio obligado a intervenir -cosa que hizo a regañadientes, no le era grato debatir con un anciano- pues de adoptarse los puntos de vista de Weston, la Internacional bloquearía el puente hacia los obreros y su lucha sindical.

En este libro Marx expone, de una forma extraordinariamente popular, que un aumento de salario tendría como resultado una disminución de la ganancia sin afectar, en lo general, los precios de las mercancías; la lucha por aumento de salario constituía una escuela inapreciable para la lucha contra el capital, para preparar a la clase obrera frente a sus tareas políticas revolucionarias. También expone por primera vez la diferencia entre trabajo y fuerza de trabajo –más adelante expondremos con detenimiento estos descubrimientos-. La segunda parte de este texto es una de las mejores exposiciones populares-sino la mejor después de El Capital- que existe sobre la teoría de la plusvalía. Después de la muerte de Marx, una de sus hijas -Leonor- encontró el manuscrito de la conferencia -bajo el título original de “valor, precio y ganancia”-, fue publicado en 1898 con el título que hoy conocemos: “Salario, precio y ganancia”.

Por fin, en una carta a Kugelmannn del 13 de octubre de 1866,[6] expone lo que será la estructura final de El Capital en cuatro tomos –poco antes de esto Marx tenía proyectado que los temas de los tomos II y III se publicarían en un solo volumen-: 1.- proceso de producción, 2.- circulación de capital, 3.- producción y circulación en su conjunto y 4.- teorías sobre la plusvalía. Se trata de la culminación de más de veinte años de trabajo en la materia.

Es curioso que Marx –como él mismo lo explica en su carta a Schott de 3 de noviembre de 1877-[7]escribió los cuatro tomos de El Capital en orden inverso a su publicación final; es decir, el Tomo IV sobre la plusvalía fue el primero en escribir y el tomo I el último. Esto demuestra que el Tomo I –que explica la esencia de la producción capitalista (la plusvalía) y sirve de base teórica a todos los demás tomos- es fruto de una investigación teórica e histórica verdaderamente colosal.

Para marzo de 1865 Marx había firmado con la casa editorial que publicará la primera edición -Meissner y Behre de Hamburgo- un contrato que lo obligaba a entregar el manuscrito a más tardar en mayo de 1865. Sin embargo, Marx se resistía a publicar el primer tomo hasta no culminar -al menos- los dos siguientes; sucedió algo similar que con el Manifiesto Comunista que fue entregado por Marx con bastante retraso para desesperación de Engels. En una carta a Engels de julio de 1865 explica que “sean cuales fuesen sus defectos, mis escritos poseen esta ventaja: constituyen un todo artístico, alcanzable gracias a mi hábito de no dejarlos imprimir hasta verlos totalmente completos”.

Afortunadamente Engels convenció a Marx a entregar el Tomo I antes de terminar la redacción de los otros volúmenes. Desde el 1 de enero de 1866, Marx comienza la redacción del Tomo I que finaliza en abril de 1866.“Después de tantos y tan largos dolores para parirla –relata Mehring-, le alegraba, naturalmente, poder lamer y pulir la criatura”.[8] ¡Y vaya que este embarazo había durado más de veinte años!
El primer lote del texto -cuyas primeras pruebas de impresión Marx revisará el 5 de mayo (todavía aquí Marx hizo muchas modificaciones)- fueron entregadas en noviembre de 1866. El 16 de agosto, a las dos de la mañana, Marx comunica a Engels el envío del último pliego con sus correcciones: “Este tomo está, por tanto, listo. Y esto ha sido posible gracias a ti. Sin lo que tú te sacrificaste por mí, jamás hubiera podido realizar los inmensos trabajos para los tres volúmenes. Te abrazo, lleno de agradecimiento. ¡Salud, amigo mío, mi caro amigo!”[9] El primer Tomo – en un tiraje de mil ejemplares- vio la luz el 14 de septiembre de 1867 [En la imagen primera edición].

Engels escribió a Marx aliviado por que por fin su amigo se había quitado de encima una carga teórica que lo había “aplastado” por muchos años: “Siempre he creído que ese maldito libro que tanos años has llevado a cuestas era el principal culpable de todos tus apuros y desazones, de los que no podrías librarte hasta que te lo sacudieras. No cabe duda que esa obra eternamente inacabada pesaba sobre ti y te abatía, física, espiritual y financieramente. Por eso puedo imaginarme perfectamente que ahora, después de quitarte esa losa de encima, te sientas como otra persona completamente distinta”.[10]

Para comprender las palabras de Engels hay que aquilatar no sólo el titánico esfuerzo teórico invertido en El Capital, ni solamente las múltiples tareas políticas que Marx asumió simultáneamente, sino las extremas penurias personales a las que Marx y su familia tuvieron que sobreponerse.

Estudiando el capitalismo en medio de la miseria

Si en lo político el periodo posterior a la revolución de 1848 -al menos hasta la fundación de la Primera Internacional, en 1864- fue de relativa calma -subrayamos, una vez más, lo de relativa-, la familia de Marx pasó por terribles dificultades económicas -una “pobreza nauseabunda”, tal como la describió Marx-. Viviendo en un barrio obrero londinense –en Dean Street del barrio Soho [en la imagen]- los irregulares honorarios de Marx por su trabajo periodístico no alcanzaban para lo más indispensable. En enero de 1851, por ejemplo, la familia de Marx por poco es arrojada a la calle por no poder pagarle al casero; en septiembre de 1852 Marx tuvo que empeñar su abrigo para poder mal comer patatas y pan; había deudas con el panadero, el lechero, el carnicero y hasta con el verdulero; la hija de Marx -Franziska- moría de bronquitis con apenas un año de nacida, ¡Jenny Marx tuvo que pedir prestado para comprar el pequeño féretro! Lo peor vino en abril de 1855, cuando muere el único hijo varón de Marx, Edgar -llamado de cariño “Mosquito”- con apenas 8 años de edad. En julio, Marx escribía una carta desgarradora a Lassalle: “[…] La muerte de mi hijo ha sacudido profundamente mi corazón y espíritu, y aún siento su pérdida tan vivamente hoy como el primer día. Mi mujer, la pobre, está también totalmente abatida”.[11]

Todo lo anterior destrozó los nervios de Jenny Marx y la pareja vivió terribles momentos de sufrimiento y amargura. El genio que exploró las entrañas más recónditas del sistema capitalista y los misterios más ocultos del dinero parece haber sido un pésimo administrador del mismo. Para colmo, la salud de Marx llegó a ser insoportable. Justo en la redacción del Tomo III, Marx sufrió un ataque de carbunclos o abscesos tan terribles que sólo podía estar de píe o recostado de lado -incluso llegó a operarse él mismo-. Jenny Marx escribió a Kugelmann -muy buen amigo de la familia- sobre ese duro periodo “créame que rara vez se ha escrito un libro en circunstancias más difíciles, y podría escribir una historia secreta que revelase la infinita cuantía de inquietud, turbación y ansiedad. Si los obreros tuvieran un atisbo del sacrificio que fue necesario para completar este trabajo, escrito sólo para ellos y en interés suyo, ellos mostrarían quizás una pizca más de interés”.[12]

Sólo la invaluable ayuda económica de Engels, remitida por giro postal, pudo salvar a la familia del colapso y el desastre total. En verdad, Marx sólo solicitaba el auxilio de su amigo en los momentos más desesperados. En este periodo “Engels parece haberle dado más [dinero] a Marx de lo que gastó en él mismo”.[13] Relata Jenny que cuando en la puerta se oía la llegada del cartero Marx solía exclamar: “¡Estamos salvados, las 2 libras de Friedric!!” Afortunadamente, a partir de 1864, la situación mejora relativamente, dos herencias aliviaron las penurias de la familia y el posterior retiro de Engels, en 1869, de su “trabajo de perro” en el negocio familiar, le aseguró a Marx un sustento económico más estable.

Lo que es cierto es que sin el apoyo de Engels, El Capital no hubiera visto la luz del día. Así, como ya hemos referido más arriba, lo reconoció el propio Marx. Después de la publicación del Tomo I, por ejemplo, en su correspondencia con Engels podemos leer conmovedoras palabras de agradecimiento: “Sin ti, jamás hubiera podido llevar a término mi obra, y te aseguro que siempre me pesaba sobre la conciencia como una pesadilla el ver que tenías que disipar en el comercio y dejar anquilosarse por mi causa, tus magníficas energías, obligado encima a compartir como propias todas mis pequeñas calamidades”.[14] Y en otra carta de 1882, poco antes de morir, Marx le escribió a su eterno amigo que “Tu espíritu de sacrificio para conmigo es increíble, y muchas veces me avergüenzo para mis adentros pensando en ello”. p. 710.

Después de la publicación de la primera edición de Tomo I Marx tuvo poco tiempo para trabajar en los dos tomos siguientes. Preparó la segunda edición -a la cual, como de costumbre, le hizo cambios, sobre todo al primer capítulo- tarea en la que invirtió 18 meses; luego se ocupó de preparar la edición francesa. Analizó tanto la guerra franco-prusiana como su resultado: la experiencia de la Comuna de París –llegando a la conclusión de que el Estado burgués debía ser sustituido por un Estado de tipo comuna-. Y todo esto lo hacía mientras la lucha fraccional y desleal de Bakunin consumía gran parte de su atención.

Además, Marx y Engels no tuvieron otra opción que intervenir políticamente dado que el Partido de Eisenach -dirigido por Liebneck-, había aceptado la fusión con la Unión General de Trabajadores Alemanes de Lassalle, haciendo concesiones inaceptables al oportunismo y confusión políticas. Esta fusión dará origen, en 1875, al Partido Socialdemócrata Alemán. La crítica al programa de Gotha es un testimonio de la batalla de Marx y Engesl contra el oportunismo. El libro contiene, también, aportes muy importantes con respecto al periodo de transición y los problemas económicos relacionados a este periodo. La redacción del Antidhüring también fue parte integrante de este contexto de lucha dentro del Partido. La sección económica fue escrita por Marx -texto que constituye otra manera óptima de acercarse a la teoría económica marxista-. Con todo esto a cuestas, Marx se puso a estudiar libros sobre agricultura rusa y norteamericana -que muestran dos caminos para la resolución del problema agrario sobre bases capitalistas (el primero reaccionario y el segundo progresivo)-. Engels -al preparar la edición del Tomo III, que aborda el tema de la renta de la tierra- tuvo que lidiar con metros cúbicos de papel sobre estadísticas agrarias. Encima de todo esto la familia Marx dio refugio en su casa a emigrados políticos de la comuna de París.

Marx tuvo la intención de dedicar el segundo tomo de El Capital a Darwin cuyas ideas revolucionarias contenidas en “Sobre el origen de las especies” Marx había advertido–aunque detectaba las limitaciones filosóficas de Darwin-. La atención que Marx y Engels pusieron sobre las ideas de Darwin –mientras casi el resto del mundo lo atacaba- no es casualidad si consideramos que introdujo la noción de desarrollo en la biología-. Al parecer Darwin rechazó esa dedicatoria para no “herir los sentimientos de su familia”, la cual profesaba ideas conservadoras.[15]

La salud de Marx ya estaba seriamente quebrada a inicios de los 70s, dolores de cabeza terribles e insomnio le impedían trabajar como antes -aún así escribió-. Además, el médico le prohibió trabajar más de cuatro horas al día -recomendación que Marx violaba tanto como podía-. La redacción de los capítulos de los Tomos II y III realizados en estas fechas muestran, según Engels, la terrible batalla de Marx por concluir un trabajo que sabía que yo no estaría en sus manos culminar. Para empeorarlo todo, Jenny Marx contrajo cáncer de hígado. Marx, a pesar de estar también muy enfermo, pudo compartir los últimos momentos en el lecho de su esposa agonizante. Eleonor escribió: “No olvidaré nunca aquella mañana en que se sintió ya con bastante fuerza para ir al cuarto de mamá. Al verse otra vez juntos, parecían vueltos a los días radiantes de su juventud, convertida ella en una novia y él en un muchacho enamorado, que iban a entrar juntos a la vida; viéndolos, no parecían un hombre viejo y arruinado por la enfermedad y una anciana moribunda que se despedían para siempre”.[16] Jenny von Westphalen murió el 2 de diciembre de 1881. Marx no pudo recuperarse de la muerte de su amada esposa, ya no tenía fuerzas para trabajar en El Capital y todavía tuvo que soportar la muerte de su hija Jenny, el 11 de enero de 1883, a causa, también, del cáncer. La bronquitis y neumonía lo atormentaban. Marx moría sentado en su mesa de trabajo, poco después de ver a Engels, en la tarde del 14 de marzo de 1883. Ese día -dijo Engels- “dejó de pensar el más grande pensador viviente”.

Engels y la tortuosa preparación de los Tomos II y III

Marx hizo saber a su hija Leonor que sólo Engels podía encargarse de la publicación de los tomos siguientes de El Capital.[17] Engles era el único capacitado para hacer frente al legado literario y teórico de Marx. Engels lo sabía perfectamente y se comprometió a una tarea –la restauración y publicación de los dos tomos- que le impidió terminar importantes obras teóricas como “Dialéctica de la naturaleza” que estaba escribiendo justo cuando Marx murió. Engels sabía que el mejor tributo a su amigo era hacerse cargo de los borradores que nadie más que él podía descifrar, interpretar y reconstruir. La intención era publicar los tomos dos, tres y cuatro, además de escribir una biografía de Marx.
La tarea que Engels se impuso a sí mismo era titánica y era una empresa que debía realizar una persona de 62 años con un frágil estado de salud –tuvo que interrumpir el trabajo por seis meses a causa de la enfermedad y esa interrupción le atormentaba mucho, sabía que iba en una carrera contra reloj-. La vista de Engels empeoraba y la letra de Marx era espantosamente ilegible –a veces hasta para Marx mismo- [en la imagen, una página de El Capital con la horrible letra de Marx]; además, los doctores, alarmados por sus recaídas de salud, le prohibieron sentarse al escritorio. El remedio que encontró Engels fue apoyarse en un ayudante al que pudiera dictar el texto mientras él yacía recostado en un sofá. Estas sesiones se prolongaban diariamente desde las diez de la mañana hasta la cinco de la tarde. Aunque maratónicas y agotadoras –según una carta a Beker del 22 de mayo de 1883- eran para Engels “un trabajo grato ya que me siento otra vez al lado de mi viejo amigo”. Pero dictar no era lo más complicado, lo complicado era ordenar el material, integrar diferentes versiones de un mismo tema, desarrollar ideas que habían quedado incompletas. Por fin, en febrero de 1885 pudo terminar la puesta en limpio del Tomo II y enviarlo a la imprenta.

Pero el Tomo III iba a costarle a Engels diez años de trabajo, de hecho, prácticamente el resto de su vida. Marx había dejado para el Tomo III “un esbozo extraordinariamente incompleto”[18] y Engels lo terminaría con más de setenta años de edad. Este tomo fue inmensamente más difícil de integrar que el Tomo II puesto que de la parte quinta sobre la ganancia y el interés –una de las más complicadas- sólo había un connato de exposición. Engels intentó redactarla en tres ocasiones -tres redacciones que destruyó, consumiendo la mayor parte del tiempo-; del capítulo IV de la sección primera, por ejemplo, no existía más que el título. Otras secciones necesitaban soporte documental o, por el contrario, existían los ejemplos pero hacía falta la exposición lógica de la teoría. Por ello dice Lenin que los tomos II y III deben considerarse como obra conjunta de Marx y Engels.

Engels hacia todo esto al propio tiempo que escribía su obra maestra “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado” y “Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana” y, además, ocupaba el lugar de orientación política que había recaído sobre todo en Marx –según sus palabras, “trataba que no se rompieran los hilos que de todas partes del mundo llegaban al cuarto de trabajo de Marx”[19]-, su casa era “un lugar de peregrinación para personas de todos los países del mundo”.[20] Señala Lenin que: “[…] A él acudían en busca de consejos y directivas tanto los socialistas alemanes, cuyas fuerzas, a pesar de las persecuciones gubernamentales, iban constante y rápidamente en aumento, como los representantes de países atrasados, por ejemplo españoles, rumanos, rusos […]. Todos ellos aprovechaban el riquísimo tesoro de conocimientos y experiencias del viejo Engels”.[21] ¡Encima asistía a todas las manifestaciones del 1 de mayo!

Al fin, a finales de noviembre de 1894 Engels vio salir de la imprenta el Tomo III de El Capital, justo antes de sufrir un ataque de apoplejía del que se recuperó. Lamentablemente ya no se recuperará del cáncer de esófago. Engels muere el 5 de agosto de 1895 sin haber podido publicar el Tomo IV y sin haber podido redactar la biografía de Marx que nadie ha escrito mejor de lo que él hubiera podido. En su testamento, Engels heredó gran parte de su fortuna –junto con su biblioteca- al Partido socialdemócrata alemán –unos 20 000 marcos- y el resto a los descendientes de Marx y a otros dos amigos.[22]

Hemos expuesto las vicisitudes de la producción del libro más importante –junto con El Manifiesto- para la clase obrera y para la fundamentación científica de la revolución socialista. En lo que sigue intentaremos explicar las ideas más importantes de la economía política marxista.

CONTINUARÁ…

Ver primera parte:http://www.laizquierdasocialista.org/150-anos-la-historia-de-el-capital-de-marx-primera-parte/
Ver segunda parte: http://www.laizquierdasocialista.org/150-anos-la-historia-de-el-capital-de-marx-segunda-parte/

[1]McLellan, David; Marx, su vida y sus ideas, Barcelona, Crítica, 1983, p. 325.

[2] Marx, Engels, Cartas sobre El Capital, Barcelona, Editorial Laia, 1974, p. 77.

[3]               Marx, Crítica de la economía política, México, Fondo de cultura económica, 1970. pp. 9-10.

[4]                                Marx, Grundrisse, México, Siglo Veintiuno Editores, 1978, pp. 1-33.

[5]                                Marx, Teorías sobre la plusvalía, Tres Tomos, México, Fondo de Cultura Económica, 1980.

[6] Marx, Engels, Cartas sobre El Capital, Barcelona, Editorial Laia, 1974, p. 120.

[7] Ibid. p. 219.

[8] McLellan, David; Marx, su vida y sus ideas, Barcelona, Crítica, 1983, p. 367.

[9] Ibid. p. 370.

[10] Gustav; Engels, una biografía, España, Fondo de Cultura Económica, 1979, p. 520.

[11]             McLellan, David; Marx, su vida y sus ideas, Barcelona, Crítica, 1983, p. 316.

[12]             Ibid., p. 402.

[13]             Ibid., p. 319.

[14]             Mehring, Franz; Karl Marx, la historia de su vida, Grijalbo, México, 1971, p. 368.

[15]             McLellan, David; Marx, su vida y sus ideas, Barcelona, Crítica, 1983, p. 488.

[16]             Mehring, Franz; Karl Marx, la historia de su vida, Grijalbo, México, 1971, p. 540.

[17]             Mayer, Gustav; Engels, una biografía, España, Fondo de Cultura Económica, 1979, p. 711.

[18]                             Ibid. p. 712.

[19]                             Mayer, Gustav, Friedrich Engels, México, Fondo de Cultura Económica, 1978, p. 714.

[20]                             Estepanova, Engels, La Habana, Editorial Nacional de Cuba, 1964, p. 305

[21]               Lenin, “Federico Engels”, Ediciones en lenguas extranjeras, Pekín, 1980, p. 60.

[22]                             Mayer, Gustav, Friedrich Engels, México, Fondo de Cultura Económica, 1978, p. 885.

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